Sara Sánchez Gómez
“El juego del calamar” es una reciente serie que ha tenido un gran impacto en la plataforma de Netflix. La trama surge en Corea del Sur y trata sobre un grupo de personas que reúnen ciertas características similares, como estar endeudados, tener problemas económicos y encontrarse desesperados. A todas ellas se les ofrece participar en unos juegos infantiles, con la promesa de ganar mucho dinero. Pero hay un problema: si pierden, mueren. Lo que parece solo un juego, en realidad muestra cosas muy serias, como la moralidad en situaciones extremas, la injusticia, la desigualdad y cómo algunas personas son tratadas como si no valieran nada. Si miramos la serie desde un punto de vista más profundo, podemos relacionarla con ideas filosóficas, como el Mito de la Caverna de Platón. En este mito, las personas viven engañadas, viendo solo sombras de la realidad, sin saber lo que en verdad está pasando. Algo parecido les pasa a los personajes de El juego del calamar, que están atrapados en un sistema que no entienden del todo y que los manipula.
El Mito de la Caverna aparece en La República de Platón. En este mito, unos prisioneros se encuentran encadenados desde su nacimiento dentro de una cueva, mirando solo sombras proyectadas en la pared. Para ellos, esas sombras son la única realidad. Un día, uno se libera y sale de la cueva, descubre la luz del sol (la verdad), y al regresar a contar lo que vio, nadie le cree. Se tratan tópicos como la ignorancia y el conocimiento, ya que los prisioneros en la cueva solo ven sombras y piensan que son la única realidad. Pero cuando uno de ellos escapa y ve el mundo fuera, descubre la verdad. Esto representa cómo pasamos de la ignorancia (sólo ver sombras) al conocimiento (ver la luz del sol). O el miedo al cambio, ya que cuando el prisionero que ve la luz experimenta dolor al principio, porque el cambio es difícil. Lo mismo pasa cuando enfrentamos nuevas ideas: nos da miedo dejar nuestras creencias antiguas y aceptar algo diferente.
El Mito de la Caverna de Platón puede entenderse muy bien al compararlo con El juego del calamar. En ambos casos, los individuos están atrapados en una «realidad falsa» que no pueden cuestionar. En la caverna, los prisioneros solo ven sombras proyectadas en la pared, creyendo que eso es lo único real. De manera similar, en El juego del calamar, los jugadores participan en una especie de simulación controlada, donde están sometidos a un sistema de juegos y reglas creadas por un poder invisible. Al igual que los prisioneros no ven lo que hay fuera de la cueva, los jugadores no ven quién está detrás del verdadero control del sistema.
Esta situación también refleja una crítica profunda sobre cómo las élites pueden manipular y alienar a las personas, como ocurre con los jugadores, quienes son tratados como simples números y cuyo sufrimiento se convierte en entretenimiento para los ricos, representados por los espectadores VIP. Esta alienación resalta cómo las apariencias y la superficialidad controlan la realidad en ambos mundos, al igual que Platón criticaba cómo las personas viven según lo que parece ser real, sin cuestionarlo, mientras una élite manipula.
En el caso del protagonista de El juego del calamar, Gi-hun, refleja el despertar del prisionero que logra liberarse. Después de sobrevivir a los juegos, se da cuenta de la corrupción y la injusticia del sistema, y decide no subirse al avión que le iba a llevar de vuelta a su casa y con una cantidad abismal de dinero, ya que tiene un deseo de cambiar el sistema desde dentro. Este despertar es paralelo al del filósofo que, al alcanzar la verdad, decide regresar para ayudar a otros a escapar de la ignorancia, aunque eso signifique enfrentarse a un sistema que lo rechaza. En la segunda temporada, el protagonista vuelve a participar en los juegos y, en medio del primer juego, advierte a los jugadores de que él ya estuvo anteriormente en ellos y que al perder morirán, pero los jugadores deciden no creer lo que Gi-hun dice y eligen seguir con el juego.
Finalmente, en ambos relatos surge la pregunta de si somos realmente libres. Aunque los jugadores de El juego del calamar parecen participar voluntariamente, su contexto social y la desesperación los empuja a hacerlo, al igual que los prisioneros de la caverna, quienes no eligen estar allí, sino que nacen encadenados. Este paralelismo critica cómo el sistema manipula a las personas, la lucha por salir de la ignorancia y lo difícil que es enfrentarse a una verdad que desafía nuestra realidad.
