PAZ INTERIOR

Noah Marín Vera

Si me preguntan a mí, la alegría es mucho más que un simple concepto o una simple sensación. Realmente no sabría definir el concepto de alegría con exactitud, ya que se experimenta y se vive de manera distinta en cada persona; es decir, aquello que para alguien puede resultar insignificante, para mí puede llegar a mejorar el día por completo. No obstante, voy a definir la alegría según cómo yo la percibo.

Para mí, la alegría es una sensación de calma, un estado interno de paz con uno mismo que puede manifestarse de múltiples maneras, ya que cada persona es un mundo. Algunos la experimentan entre risas con amigos; otros, en cambio, pueden alcanzarla durante una tarde en soledad, viendo su serie favorita o disfrutando de su comida preferida. Sin embargo, creo que en lo que sí coincide todo el mundo es en que se alcanza realizando actividades que verdaderamente nos llenan.

La alegría es algo que va y viene: puede desaparecer de un momento a otro debido a un simple cambio o suceso, pero también puede reaparecer con mayor intensidad. Considero que no debe forzarse, aunque sí es posible favorecer su aparición mediante actividades en las que habitualmente se experimenta, como el descanso, un paseo o una conversación significativa con un ser querido. Otra forma en la que surge la alegría es al superar un obstáculo que nos generaba una angustia; por ejemplo, una reconciliación con alguien cercano o la liberación de la tensión al recibir la nota de un examen que nos preocupaba.

En definitiva, la alegría es una sensación de plenitud difícil de definir por completo, que puede presentarse con mayor o menor intensidad, y con una duración variable, pero que, cuando aparece, se hace notar.