EL LENGUAJE INVISIBLE DE LA ALEGRÍA

Ignacio Castillo Montiel

Normalmente, cuando hablamos de qué cosas nos hacen sentir alegría decimos cosas cotidianas, que a todo el mundo se le vienen a la cabeza: ganar más dinero, pasar tiempo con tu pareja, con tus amigos, o tu familia, que te salgan las cosas bien. Pero aparte, un grupo de la sociedad siente que es verdaderamente feliz cuando baila, dibuja, colorea, escucha o practica música, lee. Es decir, su estado de alegría está relacionado directamente con el arte y el placer estético que genera. 

El arte es el lenguaje universal más hablado del mundo. La música, el baile, la pintura, etc, no conocen fronteras. Todos, desde un noruego hasta un brasileño, pasando por un sudafricano o un chino pueden sentir alegría mediante las mismas reacciones artísticas.

La música, por ejemplo, tiene un poder asombrosamente grande para cambiar el estado de ánimo de una persona mediante los ritmos, las melodías o las letras, que mandan una señal al cerebro y activa ciertas partes de este, mediante el canal auditivo.

Por otro lado, la pintura y el dibujo también pueden influir anímicamente en las personas, mediante sus trazados o su composición de colores.

En general, son ciertas características las que consiguen estos sentimientos de alegría.Musicalmente, la alegría se asocia con ritmos rápidos, acordes mayores y básicos, sin alteraciones ni que generen tensión. Letras positivas, que tengan un mensaje emotivo y feliz.

En la pintura, trazados curvos, unidos a colores vivos, como el amarillo o el naranja evocan a esas sensaciones de alegría. Es por eso que no es lo mismo escuchar Dancing Queen de ABBA, o Caminando por la vida de Melendi, (dos temas que todos conocemos y que transmiten felicidad instantánea cuando los escuchamos) a Rosas de La Oreja de Van Gogh o un poco más urbano Volando de Mora, que generan un sentimiento completamente contrario.

Del mismo modo, no es lo mismo ver Girasoles de Van Gogh, que Noche estrellada del mismo pintor. 

Es por todo esto que la alegría es uno de los sentimientos más complicados de entender, pero el que más reconforta sentir, porque, valga la redundancia, nos hace sentir alegres.