Mya Gavarrete
Antes de empezar mi ensayo voy a escribir la definición de la alegría: “Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores.” Para muchas personas la alegría es un conjunto de eventos muy específicos o algo que simplemente es muy complicado de conseguir, pero para mi esto no es así sino que la alegría es algo que no llega de golpe sino que se va formando de poco a poco y que puedes formar tú mismo.
Muchas veces las personas no nos damos cuenta de que estamos bien porque siempre estamos esperando más, algo mejor o incluso nos cuesta valorar las cosas presentes y los momentos pequeños que nos acompañan día a día que nos hacen sentir a gusto pero no nos damos cuenta.
Ahí es donde yo creo que se encuentra la alegría, en esos momentos que te hacen sentir paz interior y que te hacen conectar contigo mismo, en lo que parece pequeño pero no lo es.
Una de las cosas que más alegría me da es dibujar, no lo hago solo porque me guste el resultado, sino por todo lo que pasa mientras dibujo. Cuando empiezo, es como si me metiera en mi propio mundo… Me olvido un poco de todo lo demás: del estrés, de las preocupaciones, del tiempo. Solo estoy yo, el papel y lo que va saliendo. A veces tengo una idea clara, pero otras veces simplemente empiezo y dejo que fluya. Y eso es lo que más me gusta, porque no hay presión, no importa si sale perfecto o no, lo importante es cómo me hace sentir. Dibujar me da tranquilidad, me ayuda a ordenar mis pensamientos y, sin darme cuenta, me hace sentir feliz.
Otra de mis mayores fuentes de alegría es escuchar música, no creo que haya otra cosa que me guste más que eso. En los días que no quiero hablar con nadie o en los que estoy más apagada, la música me desconecta, me sube el ánimo. Cada canción que escucho es significativa, ya sea por la letra o melodía, me acompaña. Es una forma de sentir que no estoy sola, incluso cuando lo estoy. Y eso, aunque parezca simple, es muy importante. Algunas canciones me transportan a momentos exactos en donde sentí cosas importantes y la música me da la capacidad de revivir esos momentos que aprecié tanto o a esas personas, las canciones pueden llegar a hacerte recordar momentos, frases, días o incluso sentimientos que tuviste por ejemplo la primera vez que escuchaste esa canción y eso para mí es simplemente mágico.
Otra cosa que me hace sentir así son las series, las películas y el anime. Para mucha gente puede ser solo una forma de pasar el rato, pero para mí es algo más. Cuando una historia me engancha, me meto completamente en ella. Me importan los personajes, lo que les pasa, lo que sienten. Me río con ellos, me pongo triste, me emociono… Es como vivir muchas historias diferentes sin moverme del sitio.
El anime en especial tiene algo que me gusta mucho. A veces trata temas muy profundos, otras veces es más ligero, pero siempre consigue hacerme sentir algo. Y eso es lo que busco: sentir. Porque creo que la alegría no es solo reírse o estar feliz todo el tiempo. También es poder emocionarte, conectar con algo, olvidarte un rato de todo lo demás.
Si lo pienso bien, todas estas cosas tienen algo en común. Dibujar, escuchar música, ver series o anime… todas me ayudan a desconectar y a la vez a conectar conmigo misma. Es como si fueran pequeños espacios donde puedo ser yo sin preocuparme por nada más. Y en esos espacios es donde aparece la alegría, sin forzarla.
Por eso creo que la alegría no es algo que se encuentra de repente, ni algo que depende de cosas grandes. No hace falta que pase algo increíble para sentirla. Está en esos momentos simples que muchas veces dejamos pasar: cuando haces algo que te gusta, cuando te sientes tranquila, cuando te olvidas un rato de todo.
También creo que cada persona tiene sus propias formas de encontrarla. Para mí son estas, pero para otra persona pueden ser otras completamente diferentes. Y eso está bien, porque la alegría no es igual para todos. Lo importante es encontrar esas pequeñas cosas que hacen que te sientas bien y darles el valor que tienen. Aunque no siempre estemos bien, aunque haya días peores, saber que existen esos pequeños momentos hace que todo sea un poco más fácil. Porque al final, la alegría no es una meta a la que hay que llegar, sino algo que se va construyendo poco a poco, en las cosas más simples.
