Lola Horrillo
Hubo un momento donde pensé que nunca volvería a experimentar alegría.
Cuando estás ahogada en la oscuridad cualquier claridad te parece lejana.
Con el tiempo he entendido que la claridad no aparece de repente en grandes momentos, si no que está escondida en la vida cotidiana. No es que existan momentos alegres, sino que en el fondo la vida es alegre, atravesada por momentos difíciles.
Porque para mí es alegría el rayo de luz que se cuela por la ventana mientras desayunas en silencio, definitivamente es alegría esa conversación con tu abuela mientras tus primos juegan en el jardín, es alegría esas amigas que nada más terminar un examen vienen corriendo a tu puerta a preguntarte qué tal te ha salido, claramente es alegría cuando vas en el coche con tu padre y suena vuestra canción favorita.
Estamos rodeados de amor y de gestos que parecen insignificantes pero que hacen que te acuestes con el corazón lleno y la mente en paz, cosas que hacen querer despertarte al día siguiente y seguir construyendo poco a poco la mejor versión de ti misma.
Porque no puedo hablar de la alegría sin pararme a pensar en todas las personas maravillosas que tengo a mi lado, porque al final somos un pedacito de cada persona que nos quiere.
Así que quiero seguir estudiando, conseguir todas mis metas, recorrer el mundo y seguir siendo una luchadora, porque me he dado cuenta que no hay ninguna batalla que con esfuerzo y determinación no se pueda superar, el mundo no se acaba y no podemos olvidar la suerte que tenemos de estar vivos.
Vive el momento y disfruta lo cotidiano para que lo extraordinario solo sea una reafirmación de alegría en tu mundo alegre.
Regala sonrisas y comparte abrazos, la vida es una y hay que aprovecharla.

